jueves, 7 de julio de 2011

La Flor.

Había llegado a la casa preso de un agotamiento torpe después de haber visitado a Jorge, amigo por excelencia pero de los cuales uno no puede confiar determinadas circunstancias o emociones. Allí me encontraba, revoleé mis llaves por el cuarto y dejé unos libros arriba del escritorio, caminé hasta la cocina y preparé unos mates. Prendí un cigarrillo y recuerdo haberlo fumado como si fuera el último. Entre tanto pensaba, daba la impresión de no poder resolver toda una pegatina de cuestiones o preocupaciones, un escollo bastante cerrado difícil de desenvolver. Apoyado sobre la mesada de mármol no podía escapar de La Razón, sobre todo por el inútil intento de ordenar mis ideas. Me acordé de Mayra y percibí un quiebre en el tiempo. Suspiré y el agua para el mate hirvió. Levanté la tapita de la pava para dejar enfriar un poco. Mientras tanto me dirigí al cuarto y tomé un libro mustio titulado ´´ La Razón y el Minotauro``, era una compilación de pequeños ensayos, lo abrí y lo cerré. Enfrascado continuaba en mi inercia de ideas.

El día estaba congelado pero aun así existía un sol radiante que penetraba por las ventanas, por la cerradura de la puerta de entrada, se escabullía entre las rendijas de las persianas. Todo iluminado. Las cortinas del comedor color maíz se balanceaban por le viento agitado. Se escuchaban las voces de los vecinos, de los niños. Hubiese deseado que se callaran, pero no lo deseé, había en ello una cómoda compañía. En este mundo, comprendía, no estaba yo solo, de igual manera sentía, es decir nacía en mí la sensación de que existía un error en él, algo andaba mal. Percibía una grieta a corregir. No sé si era yo o era el mundo. Si las experiencias personales habían hecho de mí un hombre patético o meramente el mundo no debiese ser lo que es. De seguro crecía un malestar dentro mío, malestar enmarañado por el sin fin de sucesos recientes que se apoltronaron en forma irregular como las hojas de los árboles, caídas al suelo una sobre las otras y ese todo incomodaba al cuerpo mismo, como una especie de huella crispada o de estar caminando en un laberinto.

Sonó el teléfono. Un privado, ni me molesté en atender supe instantáneamente que era la oferta de algún servicio telefónico o de salud. Me mordí los labios. Tomé las llaves y me fui de la casa, dejando el mate inconcluso, olvidado. Era menester despejarme, ver el cielo y dejar al frío hacer de las suyas con mis dedos, con mi nariz, permitirle que entumezca mi cuerpo.

Observaba a la gente caminar, a la vida que no sucede. Me detuve en una esquina a pispiar por los cuatros caminos a tomar. Opté por el regreso. Algo estaba por acontecer, se movía ahí donde uno menos lo espera.

Subí por las escalares mientras mis manos buscaban las llaves en el llavero. Abrí y de repente… nada, todo estaba en el mismo lugar. Ningún cambio. Fue así que calenté el agua tomando los recaudos suficientes y necesarios para que no hirviera y entonces me senté en mi silla y cebé. Al primer mate recordé una foto de Mayra en donde yo no estaba, al segundo deseé con violencia y pasión haber sido yo el que estaba junto a ella en la foto. Al tercero no me resigne, no así sin lamentarme pero no me detuve.

Recordé unas vacaciones en Corrientes, y un viaje a Rosario. Nada de lo que acaecía en la memoria era lo que recordaba, una cosa completamente distinta, una mera representación, quizás, bañada de afecto. Todo lo que aparece fantasmagóricamente no era ni Mayra, ni Corrientes, ni Rosario, nada se asemejaba a lo que fue en su momento, como cuando me acordé haberme golpeado todo el cuerpo con las piedras de Chapadmalal ocultas por el mar. Aquella experiencia del dolor no era sentida, si bien recordaba el dolor en mis costillas y mis manos raspadas y el ardor de la piel por el agua salada, nada de eso era real. Ciertamente, recordamos lo que no es, lo que dejo de ser y lo que ya no será, por su carácter de ser pasado y porque tampoco es ese pasado. Es otra cosa maravillosamente distinta, que puede remitir hacia aquel pasado. Una distancia que no es un camino al cual podamos utilizar para retroceder. Es un intento que fracasa perennemente y sin embargo no nos agotamos de fracasar.

A pesar de todo el día proseguía, un sol tenue, se escuchaban el venir de los vecinos, sus zapatos chocar con el piso del pasillo del edificio, el abrir y cerrar de las puertas. Un grito desgarró la calma, no tardó en volver a la normalidad. Los televisores se prendían, era evidente el cambio del ambiente. Siempre creí que la electricidad es responsable también de marcar la diferencia entre el día y la noche o en realidad es notorio la diferencia, aunque no lleguen a nosotros los sonidos provenientes de la radio o las voces, es perceptible que a la noche reina un silencio no tanto absoluto como fuertemente marcado.

Mientras tanto había decidido irme a recostar, estaba cansado, no había escrito nada nuevo durante la tarde. Ya en la cama hice el intento de dormir, pero fue en vano. Di vueltas, fijé mi mirada a la izquierda de la habitación donde estaban los libros en mi biblioteca. Siempre entre libro, no los consideraba como una compañía, ni tampoco como una pasión los hacia. Si leía, si me sumergía en su hojas era para distraerme. Pero será la suerte de la vida, los libros lograron emocionarme y descubrir que lo irreal produce malestares o placeres, enferman como curan, tan parecido era ello a los hechos o a las decisiones de las personas cuando afectan al otro, a mi. Los libros me habían revelado como la Biblia al católico una verdad o una certeza: la vulnerabilidad del hombre ante no determinadas cosas sino más bien a todo lo que nos secuestra o nos envuelve sea la realidad o la irrealidad. Mas aun, me generaron los libros, la idea no tan firme de que no existe la realidad y de que todo es un relato, pero por otro lado están los hechos también, lo que ocurre. Aunque siempre afectan cuando nos separamos de ellos y comprendemos el hecho, cuando su sentido cobra vigor al otorgárselo, es decir al producirlo. Los libros han sido para mí la clara noción de la semejanza que guardábamos con los poderes de los Dioses, de que son, a veces las palabras las que ordenan al mundo. Como Fuxi o Fu Hsi (el primero de los Tres Augustos y los cinco emperadores), que al mirar al cielo vio un animal mitológico y en su lomo vio escrito los cimientos del I-Ching, el libro de las mutaciones.

Pero los libros no han sido jamás una compañía, fueron el no pensar de mi soledad, era siempre ese lugar de los personajes fantásticos, lugar para espiarlos o sorprenderme de la genialidad del autor o del acercamiento a este ultimo, como cuando leo a Borges o cuando leo al inmenso Dostoievski. Creo que fue mi abuelo el que me tentó a la lectura, su insistencia, como también con el ajedrez. Pero fui yo el que perpetuo aquel cometido.

De repente cobré conciencia de mi, yo acostado sin poder dormir, en silencio. Un cuerpo, el mío como referencia ante las cosas. Nada me hacia vibrar, estaba aburrido. Sabía que algo iba a ocurrir, estaba ahí latente moviéndose por la sangre, se deslizaba por los músculos, especie de ataque de pánico pero no, tampoco, nunca hubiera podido comprender, de comprenderla. Pero algo se agitaba. Yo esperaba en el inagotable aburrimiento. Me dormí.

Acá comienza mi relato. Al abrir los ojos supe que había dormido como una bestia, era de noche eran las tres y cuarenta y siente de la mañana. No había cenado, me salteé la comida pero tampoco tenia hambre. Fui al baño y volví al cuarto. Fume otro cigarrillo y no sabía que hacer. En la oscuridad cerré los ojos y todo se desencadenó.

Vi el color violeta aparecer en forma de círculo desarmándose y cobrando la fuerza y la figura de un hombre con los brazos tendidos hacia delante que giraba alrededor del inmenso espacio oscuro, se desvanecía y la secuencia volvía a repetirse varias veces. Puse mis manos sobre los parpados y vi la sangre fluir por mis venas hasta dar con los huesos de la mano. Se esfumaba y me esforzaba en mirar aun más y lo lograba. Hasta que una Flor surgía desde lo mas profundo y desconocido Universo, los pétalos violetas fundidos con el negro tenían escrito su nombre, pero no aparecía palabra ni letra alguna. Esa Flor era ella, yo sabia que era ella, como una Emperatriz de ese mundo que apareció, ni real ni irreal había cobrado la vida la imaginación. La inauguración de la Flor era magnifica, sus pétalos brillaban y se desprendían para volver a nacer aun mas superiores, esplendidos, cada vez mas bondadosos, nobles. Existía. Todo existía sin tiempo, sin cuerpo, ahí. Ella flotaba en la oscuridad. La Flor también moría y desde el extremo derecho inferior volvía aparecer aumentando su tamaño. Una espiral en torno a un tornado también color violeta arrancaba los pétalos. Círculo de un azul inmaterial viajaban. Los pliegues de mi mano. Era una inmensidad dulce. La mansedumbre suave de la existencia incorpórea de ella me elevaba al éxtasis narcótico causante de haberme transportado a ese lugar donde descubría todo lo que Mayra había producido en mí, lo que de ella quedó después de marcharse. Una trascendencia magnate que masticaba mi ser, destruyéndolo para combatir con la locura dejándome vencer porque hasta ahí yo quería dirigirme. A esa cercanía con ella, sin dolor, sin razón sin justificación, más que la dicha y el placer de saber que ella existía y todo lo que había hecho en mí fue un mundo nuevo. La Flor continuaba, en su gineceo, su centro superficial era la entrada a lo dionisíaco, hasta detenerme en su néctar, el vino de los Dioses Griegos. Esa dulzura ácida era mi lugar, bebí el néctar y comencé ascender, las anteras y los estigmas me rozaron y lloré. Vi por última vez a la Flor y lentamente empezaba a reinar la oscuridad del Universo.

Aquí culmina mi experiencia. Abrí los ojos, incrédulo de lo que había pasado pero no había duda alguna. Sonreí y me quedé en silencio.

lunes, 6 de junio de 2011

Tu cuerpo Dionisíaco

Un instante, tan denso como ínfimo, creo que fue la imagen con más fuerza y estremecimiento que presencié una especie de teogonía, como una caída de Tetis en el mundo, una revelación más aun la más preciosa aparición de la cual fui testigo. Ahí estabas, de repente en mi vida, en el mundo, para mí comenzabas a existir. Existías, una nueva voz por escuchar, una nueva piel por recorrer, una existencia plena para contemplar y descubrir. Desde aquel instante mi pasión fue rastrear cada lujo de tus detalles, mirarte.

Un cuerpo, esa distancia imposible que nadie puede alcanzar. Un rostro. Un cuerpo que al descubrirlo noté que era un laberinto cuyos caminos no llevan hacia La Razón, sino que tan solo espera La Locura, la perdición, el placer sexual y espiritual. Ese cuerpo mirado por mí, arrebatado de golpe para guardar en secreto esa imagen agradable. Había dado con lo que jamás quise soltar. Pero sobre todo un recuerdo, inmenso recuerdo que me acompaña cuando me paro frente al espejo, para calmar la angustia que produce a veces la soledad, ese cuerpo aniquila mi soledad, la descuartiza, la niega. Cuerpo que me sirve para huir de las preocupaciones, de los miedos, lugar perfecto para superar los limites de las consecuencias. Espacio extenso para actuar bajo cualquier cielo o sobre cualquier infierno. Territorio para imaginar y fantasear un País, para jugar con el aroma de las flores de la piel. Un cuerpo preciso para olvidar, un proyecto, una elección. Cuerpo que se convirtió en mi posibilidad, en un peligro íntimo, en la posibilidad de que él comience a mirarme.

Los instantes cambian la vida, en suma, aquella nueva existencia inicio el peligro, me arrojó hacia lo distinto: el futuro comenzó a determinar a mi presente. De aquel entonces ese cuerpo fue mi obstinación. Una nueva forma de proceder ante el mundo, había algo que comenzaba a importar para mi.

Nos saludamos, un roce exquisito de las existencias. Primer contacto que envolvió a la libertad de cada uno, una especie de iniciación hacia eso que no somos todavía. Momento trágico, de una intensidad tan inexplicable como arbitraria. Las libertades colisionaban configurando una sinfonía para la embriaguez, para perseguir una distancia inalcanzable un placer inmensurable, delicado. Una música de la atracción. Momento que disparo a la vida hacia la delicia de tu existencia para masticarla, y saborearla lentamente y dar con el delirio de lo dulce de existir nuevamente ante un sueño, una figura que esta ahí, enfrente, siempre enfrente, cuando recuerdo, en la memoria.

Una nueva forma de empezar a jugar con la imaginación, y crear mundos donde bebo las palabras que danzan en tus labios para saltar de a ratitos en mi carne produciendo las vibraciones que alteran la pasividad. Como dice Nietzsche tu cuerpo es el arte dionisíaco, el cual descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis. Dos cuerpos, el tuyo el mío, una sola locura en el centro de tu laberinto que nos elevan hacia el olvido, hacia lo narcótico del pacto entre nuestras libertades. Bañándonos con los poderes de los Dioses, empezando a ser Dioses porque creamos nuestras fantasías, nuestros proyectos. Eso y más es tu cuerpo, es el lugar para liberar los instintos, lugar para que me encuentres, no es mi cuerpo, es el tuyo el universo donde me verás y me poseerás. La interrupción de lo que rodea, que nos separa del rebaño.

Pero también será el lugar donde no solo me darás y te daré felicidad, sino que será el lugar de las cicatrices, donde te heriré, y me lastimarás. Sin embargo es el lugar donde no quiero contener ningún impulso, y quiero que mi cuerpo sea el que tenga la marca de tus besos, de tus sobras y también de los tajos procurados por un momento de ira repentina. Quiero que me hagas feliz y espero que me hagas llorar. Anhelo que en el intento de achicar la distancia entre cuerpo y cuerpo nos volvamos locos invoquemos la risa y nos sumerjamos en el futuro incierto, diáfano. Y cuando alcancemos el ser de cada uno, podamos al fin recuperar nuestra naturaleza partida.

miércoles, 1 de junio de 2011

La Mirada

Quisiera hacer una intromisión, sepan disculpar pero hay que contar como son las cosas, mi verdad (si se quiere) aunque por otro lado, no existe eso que se denomina común mente La Verdad. En fin, no intento ser ubicuo ni omnipresente pero han sido años de búsqueda, tantos que he perdido la cuenta y noción del tiempo. Si somos la sumatoria de todo lo que hemos hecho entonces somos nada, más aun cuando todo mi devenir fue un contra-efecto de mi búsqueda. Ahora estoy viejo, agotado.

Hay días en donde me encuentro y paso el día entero frente al espejo, le hablo meramente con la necesidad de engañar a la soledad. Ciertos días me contesta y se a partir de ese instante entonces que podré sonreír durante el día completo. Otras veces solo poso frente a él para verme, o para recordar quien soy en el presente. Juego, levanto una mano y la imagen lo hace. Gesticulo deformando toda la existencia, esta carne que poseo, la imagen imita todos los movimientos bruscos de la piel cuando se estira. Me despeino y ella se despeina. Pero a pensar que me entretengo, mis ojos solo ven lo que soy inversamente, mi mano derecha es la mano izquierda. Concluyo, ya no soy. Es por esto que la soledad vuelve a caer sobre mí como un manto lleno de púas porque ante mi ha aparecido otro, que existe ahí donde mi mirada apunta, porque lo que veo es tan distinto a mí como él lo habrá de hacer conmigo. Es cierto también esa imitación envejeció a la par mía y que desaparece cuando soy yo el que me alejo. Sin embargo el nunca me grita, se que esta ahí pero no emite nada de esa mirada, no existe ese peligro de ser visto. Esto no tiene solución. Este es el motivo, la causa de mi búsqueda, encontrar aquella mirada que me encanta, que extraño.

Hubo un tiempo en que esa mirada no se quitaba de mí, ni un solo segundo, es cierto que las cadenas de las Moiras ayudaban, las mismas que a Parmnides lo hizo equivocarse y a Heráclito mantener un orden invisible. Creo que la culpa de mi búsqueda, es decir de quedarme sin ella se lo atribuyo a un Dios, fue hace tanto tiempo que cuesta recordar. Ya se, Zeus enfurecido sin justificación (los dioses no se sirven de la razón). Cuando al comienzo del universo en donde ella y yo éramos uno, inseparables este Dios partió esa naturaleza que éramos en dos, creando (esto nunca se supo) el pasado, el presente y el futuro, a la maldita temporalidad, debido a que a partir de ese momento he sido y habré de ser lo que sea menester para volver a dar con esos ojos para que toda esa mirada me justifique una vez mas.

En mi camino he formado parte de la cultura Magdaleniense, todavía mantengo en una repisa mi propia Azagaya. Luche contra los Treinta Tiranos para luego darle muerte al Minotauro de Creta, en vano desangre al ser, solo me encontró la locura, y así deambule por las tierras infieles y así llegue a ser Emperador. Conocí las tabernas cansado de caminar determine estar sentado para esperarla. Escribí poemas, y nadie me reconoció hasta que yo ya era un dibujante. Me interne en la selva para hacerme amigo de un lobo, quise descender hasta el infierno pero solo dí con una melodía. Recorrí todo el Medio Oriente, años atrás me detuve un largo rato en Mileto y funde una Academia.

Imagine el futuro, nunca detuve los pensamientos, y en el lago Turkana me propuse asfixiar a la razón, estuve cerca. Fueron tiempos de inquisición, de fe y ascetismo, tiempos donde la libertad justificaba el mal en el mundo, las fallas, las desviaciones y las perversiones, épocas donde el alma era una especie de prisión del cuerpo, prisión otorgada por los otros en la medida que este elegía todo lo inmoral. Tiempos donde debía el cuerpo humano padecer el suplicio en nombre de un nuevo Dios de menos dos siglos. Intente comprender la historia y solo encontré sangre.

Por lo pronto mi naturaleza seguía partida, el mundo tan vasto no dejaba encontrarla simplemente para que me mire como cuando nos despedimos ante la fuerza de Zeus. Un día mientras contaba unas monedas de plata, acaeció un milagro, se supo de una nueva tierra, la mitad del planeta había sido descubierto. No lo dude, me embarque en el primer navío hacia lo nuevo.

Entre la crueldad en nombre de Dios y el espíritu Santo, la tortura, la esclavitud y la corona, en medio de todo aquel meollo mi búsqueda continuó. Tuve que matar y someter a esos indios cuya tierra le estábamos saqueando.

El tiempo pasó, la historia procuro ser racional a titulo de valores tales como el orden y el progreso. Fui testigo del fusilamiento de Dorrego y en el asesinato de Facundo Quiroga, escuche con atención de que manera Argentina habría de comenzar a ser bajo el mando de Roca. Llego el Tango y cante en los suburbios de Constitución y Almagro. Me apuñalaron, algunos tajos procuré a otros. Tuve varios nombres, un escritor me llamó Andrés aunque yo pude cambiar aquel final trágico así mantenerme en mi rumbo y condensar el sentido para no perderme jamás ya que hube de estar decepcionado por la vida entre la desaparición de ella y la muerte de una hija. Me escape tierra adentro y ya nadie se pregunto por mi. Cuando ya estaba en el Sur, en Playa Unión los cambios sociales se iniciaron, la revolución Cubana estalló, el mayo Frances, la liberación de los Pueblos Africanos, de los cuales algunos dominé. Participé de la primavera de Cámpora. En efecto, fui todo para esa mirada, concluyo siendo nada. Quise escribir como Borges y ser Sartre. Imagine la muerte en el mar arrojando a todos los cadáveres que soy devolviendo el recuerdo de tantos hombres que deje de ser para convertirme en un devenir con una sola pasión inmutable: la de tu mirada, esa que el Dios Zeus me privó por su capricho divino. Esa mirada que me sostuvo en el Universo, dándome un ser, manteniendo en secreto todo lo que soy, y ese secreto deberá seguir estando en algún lugar ¿me habrá estado buscando? ¿Habré pasado por su lado en alguna calle del mundo y no pude reconocerla? ¿Habrás muerto?

Existo, es lo único de lo que no puedo dudar, tengo un cuerpo de huesos débiles, a este cuerpo lo llaman ahora Nicolás, yo le hablo al espejo y no me contesta. Necesito de esa mirada que me secuestraba todo lo que yo era, que me veía como yo jamás he de verme ni podré hacerlo si quiera alguna vez. Me seducía y en el juego de la seducción los problemas y cuestiones se esfumaban dando paso al placer y al deseo.

La mirada me otorgaba esa imposibilidad, me colocaba en una situación de peligro constante. Un peligro hermoso, un privilegio de la vida. Un peligro debido a la libertad de ella de hacerme ser lo que su voluntad dictaba.

Quizás fui tantos hombres y demasiados trajes debido a que ella jamás dejó de mirarme. Quizás ahora estés ahí, enfrente de mí. Quizás ahora termines de leer y me mires.

lunes, 27 de diciembre de 2010

La distancia que marca tu cuerpo.

Escucho un tango y escribo. Escribo porque no se hacer otra cosa. Triste, apenado hasta el sinsentido. Tu rostro se asemeja a una argamasa que une el sonido exquisito entre la música y mi prosa tan errante. Es todo, no es nada. Tórrido y absurdo. Si embargo te quiero, te preciso a mi lado.

Por supuesto, morimos pero lo haremos porque vivimos. Tan solo quedará la existencia y vos existís en este mundo. Tu cuerpo es como la música: una vez aparecido, caído, una vez que sucede existe para siempre tan dulce y eternamente fugaz.

La embriaguez de tus manos y tu ser afinan el silencio, ese mismo que aturde en la soledad cuando muere tu melodía trágica, fatal.

¡Pobre de mí! ¡Pobre este idiota que espera prestando atención a que llegues en cualquier instante, canción de bandoneón! Piano agudo y ojos en sensación voluptuosa dejando la carne sin piel, sin suciedad. Pura. Ser y carne: Es la pasión. Te deseo.

Por definición pensarte es componer una serie de recuerdos del pasado nuestro. Charlas, Bares, distancia pavorosa. Pensarte es mantenerte cerca, la distancia es imaginaria, es un cuchillo que no existe pero hiende para hacer sangrar. Te sangro, cada gota de sangre llevan tus iniciales las mismas que viven en la orquesta del cuerpo tuyo ese que se aleja del mío. Del mío, sin defensa frente a tus ojos desnudándome, desde siempre, dejando solamente lo que soy. Sin excusas. Frente a vos meramente soy un absurdo. Absurdo porque muero, como toda canción. A su vez, y es por ello, siento, te siento ¿Por qué? No se, muero, lo sé pero lo haré sabiendo lo que es quererte y sufrirte, moriré habiéndote escuchado. Aunque me parezca cada día más al cadáver que he de ser, la ternura sigue indemne e inalterada.

Más allá de todos estos años, no puedo decir basta. El tango de tu cuerpo refinado, de garbo nocturno impregnado tan de Buenos Aires se apremia a comparecer en mis ideas, en mis noches, en mi tinta. Tu presencia física representa un poder absoluto, convirtiendo en realidad todo lo que hay de utópico, en mí, sobre vos cada vez que acaeces. Ocurrís deslizándote entre las determinaciones de mis pensamientos y mi imaginación, moviéndote de un lado hacia otro como si tu alma se apropiara de mi cabeza, y no dejo de estremecerme. Y mis ideas se agitan, pero es mi cuerpo el que lo padece. Estas en mi, estrecha, trato de reducirte al máximo de presión, pero es inmenso el poder de tu melodía. Inacabable.

Es inútil al fin y al cabo, las ideas no sirven, concluyo. Tu cuerpo es la distancia imposible. Es el escenario que contemplo, es el instrumento que no aprenderé a tocar, porque ahí, en ese cuerpo hay una libertad que decide no ser. Me obliga a realizarte en mis ideas. Ese cuerpo es libertad. Bajo ese escenario, junto a una mesa, sobre una silla, estoy yo, sentando, escuchando el tango que sos para dejar de serlo, para así, de esa forma, nuevamente, vuelvas a brillar. Mientras tanto te presto oído para escribir, para que sepas que aun te elijo como mi musa. Aunque no sea mucho, es de verdad.

Pero hay algo más ¿Dónde está lo que penetra en mi cuerpo? Si mis manos no puede apresar nada, si mi cuerpo tan solo sufre, o tirita o se vitaliza ante tanta expresión de belleza arriba de ese escenario. ¿Dónde estas, si estas ahí? Me pregunto cómo es posible que penetres y me apropie en mis soledades de eso que pasó hasta las entrañas y ni siquiera en ellas. Hay algo inconfundible: vivís en mí, por siempre ya que te pienso, ya que te recuerdo todos los días porque te extraño, debido a que de alguna manera tengo que darte una entidad un ser ficticio para definirme como aquel que anhela escuchar una y otra vez, repetidamente ese esplendor callejero. De alguna forma tengo que saborear esa existencia, por lo menos imaginariamente puedo quemarme. Puedo bailar en este lugar, y tomarte de las manos, y cruzar las piernas o rozar impúdicamente mi nariz con la tuya, para sentir el viento de tus palabras en mi rostro. Pero en este lugar imaginario, no puedo besarte. Un beso tuyo no puedo imaginármelo. Posarme en tu boca no encuentra explicación. El cuerpo imposible, tu boca utópica.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Carta que te hubiera escrito.

03/12/2010

A vos:

Los aromas verdugos de la primavera manifiestan la ternura con la que la luna, tímida por demás, se presta a lucir, mientras suele confesar a la arquitectura de la ciudad toda que puede brillar ella también, con su pasto de las plazas, los árboles, cada edificio, cada casa, cada casilla, y cada ranchada, los autos inertes y los que están en movimiento por personas en inercia. Ella asimismo aplasta su luz contra las plantas, y como toda luminosidad se imprime en los rostros de cada existencia, en el tuyo, en el de éste individuo en soledad siendo él mismo con sus ojos apresados en las cavidades te observan. Rostro de mujer azarosamente configurado, un solo movimiento del parpado derecho o el izquierdo, o una leve vibrar de los músculos de las mejillas un solo bostezo o una simple expresión onírica modificaría todo.

Existís ante mi bella y pura. Ahí esta tu Ser, danza entre el imperfecto silencio de lo ideal, y la furia de una pasión que solo puede destellar de un ser infernal. Dormida bajo sabanas arrugadas y somníferos borrachos, en calma. Arrojada al lado mío, con un brazo debajo de la almohada, y el otro cubriendo el pecho desnudo, un pie se asoma al final de la cama. Yo apoyado en un brazo, también sin ropas, con un cigarro prendido ardiendo entre mis dedos, estoy frente a vos. Y vos sos la prueba de mi felicidad y de que a pesar de mi ominosa soledad hoy tengo alguien con quien pensar, y hablar de tantas ideas inútiles, aburridas que se tornan discursos de agobio total y por otro lado ser por vos mirado analizado hasta el último detalle y aun así me toleras, me siento cuidado. Pero por otro lado sos, a su vez la evidencia de mi terror. En efecto, la incertidumbre de tu futuro me paraliza, me lleva a la excitación extrema de querer adivinar cada consecuencia, pero sin embargo no debo poseerte, no soy yo quien deba prohibir tú hacer, porque no solo eres realmente hermosa, sino que el motivo central y principal que aniquila mi poder sobre vos, es tu libertad. Porque es por ella que estamos aquí y ahora, porque sin ella no podríamos sentarnos en algún bar a conversar y a beber cerveza mientras discutimos sobre política, sobre el amor, sobre el peligroso privilegio de vivir, o cuando caminamos por los barrios o interpretamos en tu casa una y otra vez la misma secuencia musical repitiendo las mismas canciones solamente para compartir algo y perdernos en el sonido para unificar lo que no se vivencia de a dos: el instante.

Es por tu libertad que tu sonrisa juega en tu boca todas las noches como hizo hace una hora atrás cuando me golpee contra la pata de la mesa y luego dejaste deslizar las palabras para decir como siempre repetís que soy un torpe. Es tu libertad la que derruye lo que somos para ser algo, incluso mejor. Es por ella que no caminamos de la mano ni nos encarcelamos entre abrazos. Al fin y al cabo, es por ella que tanto vos y yo al elegir nos elegimos como compañeros. Y que implica algo más, la seguridad incierta de que sabemos que estamos, de que existimos. Esa confianza incorruptible.

A pesar de todo, yo se que siempre me perfilo a arruinar todo y que mi virtud es la destrucción, pero todo sucede porque suelo aburrirme fácilmente con respecto a conservar lo que se tiene, y mi obstinación es buscar respuestas, nuevas formas de saber aunque en este caso es la expresión de la incertidumbre la cual me provoca hasta la carne, me hastía pero no importa, al fin pude conocer esto.

Pero apenas se intrometa el sol, adivino, cuando abras los ojos y me veas habrás de desear que nada haya sucedido, te levantaras excusándote y pensaras que todo fue un error, pero en verdad fue mi virtud la que trajo el error al mundo de vos y yo. Pero quiero que sepas que anhelo con fuerzas persistir y persistir, frecuentando bares y clubes, charlas y debates, y que por nada en el mundo me perdería de tu presencia, porque a su vez tus ausencias testifican que estas. La verdad es que no busqué perderte, tan solo quise conocerte desde otro lado, de concretar fantasías y deseos. No me arrepiento, ni me subyugo durante esta noche de primavera. Mi pretensión era que me avasalles vehementemente tan solo una noche con la plenitud de tu ser, con la totalidad abrumadora y delirante de tu existencia.

Nicolas

sábado, 27 de noviembre de 2010

Demasiado Humano

Todo lo que no es personal es percibido como una débil sombra afirmaba Nietzsche, y cuanta razón. Luego han venido otros pensadores como Wright Mills, este último adivina al decir que los hombres ´´no definen las inquietudes que sufren en relación con los cambios históricos``. Todo es tomado como un dato, y es porque existe una desvinculación en el entramado social, con eso que los sociólogos llaman la relación Inter-subjetiva, pero que a su vez, - y es esto lo curioso - no están al tanto de que cada cosa que hacen, o comparten o dicen incluso de todo lo que toman por cierto, como las costumbres, la tradición, la moral se da en ese marco de lo que llamamos Humanidad. De que cada individuo esta atravesado por lo humano, y nada le es ajeno. Una suerte de haber construido un edificio para luego no reconocerse en él, evitando toda responsabilidad o identidad con eso que se dice sociedad. Identidad en sentido estricto y amplio: como somos la humanidad hemos de ser también el mundo en el que estamos, de que ser-en-el-mundo es una dinámica constitutiva y necesaria para estar en el mundo.

Para detenernos un momento. No seremos suaves, sino todo lo contrario al decir que la humanidad se ha desarrollado bajo el velo de la mentira (usamos esta palabra a modo de oponernos al concepto de verdad), de que las verdades jamás fueron eternas, sino que son producto del devenir constante y progresivo de la historia misma en la que a disgusto de algunos, estamos inmerso y nadando no solamente en pensamientos sublimes y de alto vuelo, sino también en sangre, hambre, miseria y desesperación, además de que esas verdades son las que han hecho de la historia una versión ciega y absoluta de hechos concretos sin relación con los precederos y los posteriores. Pero no obstante, lo que llamamos Humanidad guarda un secreto que aun hoy se mantiene guardado como un santo grial, (aunque en algunos momento se devela), y que es la significación, es decir, la creación de sentidos para todo lo que se considera la cosa-en-si.

Alineándonos un poco mas con Nietzsche, si hoy sabemos distinguir entre lo que es el bien y lo que es el mal, si poseemos una moral, es porque la humanidad se a posado por encima del bien y del mal, lo a sobrevolado para luego sumergirse en ese mundo creado y calificado entre lo que pertenece a un sector y lo que pertenece al otro circulo, que a su vez sirvió para no reconocerse en lo que constituye el mal.

Ahora bien, nosotros desde estas líneas afirmamos que los conceptos de igualdad, identidad – aquí nos referimos a ese reconocimiento tan solo con el suelo, con una patria, o con una estratificación social o clase social, no como advertíamos antes, al principio del texto - y verdad son los factores del mal que impera. O mejor dicho, y sin caer en la tentación frígida del relativismo, somos nosotros los que consideramos qué es eso el mal, pero con fundamento. Y sabemos que todo lo que ha sido y es, es productor de una construcción, pero a diferencia de otros, nosotros queremos seguir construyendo pero para ello es necesaria la destrucción de los cimientos para establecer no verdades absolutas ya que tales no existen sino que en realidad la humanidad construye porque ella misma es una construcción y que por lo tanto no hay nada fuera de ello de que todo es humano, demasiado humano. De que en este mundo no existen los que oprimen y los oprimidos sino que hay un consenso o una relación que posibilita al poder en tanto unidad como ser, en otras palabras queremos que todo individuo tome conciencia de que la responsabilidad es suya también, de que cuando nos elegimos en tanto individuos también estamos eligiendo al mundo, de que no tomemos nada por cierto.

Entonces concluimos que las ideas no sirven para crear, las ideas son solamente armas para arrancar desde las entrañas a todo lo que hoy reconocemos como eso en si, de que las ideas son el instrumento de esa negación lógica del mundo para luego reformular significados e imprimir un sentido al mundo. No para idealizarlo en tanto teleología, sino para darle al cogito, ergo sum (pienso, luego existo) la praxis que Descartes no vio, y que la existencia no es suficiente de que es preciso vivir, en consecuencia necesitamos del caos para que suceda lo hermoso. Por lo visto las ideas son armas que proyectan la destrucción de ese monumento que hoy llamamos la verdad

miércoles, 17 de noviembre de 2010

La reina del bien y del mal.

Me parece haber descubierto el silencio, donde no precede nada. Un lugar único, donde no hay historia, simplemente habita por ser, es decir existir mi cuerpo sin ningún concepto diacrónico ni teorías estáticas. El silencio, no hay edificios imponentes ni monstruos poderosos.

Tampoco hay calma, percibo en consecuencia la desesperación. Me reconozco como cuerpo sin ideas y sin experiencias. Es esta última la responsable de que en realidad por mis ideas se haya destruido todo lo que se elevaba como la cosa-en-si, como las verdades y las esencias. Por mis ideas o por la interacción de los pensamientos y la experiencia es que ya no se que creer.

En definitiva, solo se que no se nada implicaba o ya Sócrates adivina, en realidad no adivinaba nada, es mi re-interpretación negando al absurdo mundo de las ideas que nada era cierto, sino que todo es una empresa humana llevada a cabo hasta su realización, meticulosamente. Si todo lo que hoy se me dirigió hasta el silencio, en otras palabras, hasta la revelación misma en que todo era una creación humana, es una invención es por lo pronto quedarme sin nada dando lugar, abriendo la puerta a la parálisis mental.

Visiblemente desarrollar filosofías sobre dialéctica y hablar a modo de pensamientos puros o de lógicas como sistema de de determinaciones, a propósito de Hegel es una pavada, es el absurdo monumental, incluso es un absurdo obstinado, poco serio. Hubo de haber sido la frase: ´´ solo se que me he quedado sin nada``. Me sentiría acompañado. En efecto, mis ideas acaban de asesinar al mundo, a la sociedad en su entera confianza depositada en la moral, en la cultural, y en sus valores y reglas de comportamiento. Este crimen me saco del lugar que ocupaba en la estratificación. Lo ocupo, sin embargo, como un obrero revolucionario, que sigue ocupando su lugar dentro de la división del trabajo, de la misma forma yo ocupo un lugar en la sociedad. Seria ridículo renegar de mi condición, a titulo de burgués o ser-clase-media. Pero no obstante, al ser un criminal compruebo que es ficticio el rumbo que perseguía.

Repito, mis ideas han arrancado desde las entrañas hasta la devastación total a la experiencia, a todo lo que yo tomaba por cierto. Directamente sentencio: creo que todo es mentira. Pura magia.

Este silencio, lejos de ser subrepticio, es ostensible. Esta a disposición mía, que se me comprenda: he tomado completa y plena conciencia de mi mismo como empastado de mí. Entre mi conciencia y mi yo, en tanto me asumo como ser-existente. Y en tanto mi cuerpo y toda la conciencia como una única cosa en unidad, una síntesis. Por lo visto no existe una diferencia no hay algo inasociable y que a simple vista al ser conciencia de que existo, soy responsable de mi mismo, debido a que no tengo ideas, que las que tuve solo fueron cuchillos salvajes para abrirme camino, como un Martín Fierro, para derribar lo que tomaba por cierto y es por esto que no tengo ideas, solo fueron utensilios. Mucho menos tengo certezas ni objetos de conocimiento obvios, solo soy algo: conciencia-de-que-existo en tanto conciencia-cuerpo cuerpo-conciencia.

Me encuentro desesperado, en silencio, en soledad sin que alguien me consuele, sin un amigo para que me indique como seguir. He perdido labilidad, he perdido la excesiva confianza del más allá y eh perdido la credibilidad al mundo de hoy. Una vez perdido todo tan solo me queda la libertad.

La libertad hasta el hartazgo, hasta la nausea. Esa nausea que no te permite gritar, porque no hay nada porque y que gritar. Es claro, además pendo del silencio blanco, inmóvil, sin tiempo, a-histórico, el cual no es consecuencia de nada, ni derivación de cualquier reflexión aguda. Es el origen, es la nada. Yo no soy. Pero ahora se, como efectivamente anhelo ser algo, que dependo de mi y no se con seguridad si realmente quiero ser. La verdad me acobardo ante tal proyecto.

Extraño mis estantes, aunque hubiese sido hasta hace poco fútil y costumbrista anaquel. Poseía en mi dormido determinados saberes, rumbos rectos que evocaban experiencias exitosas, y que se las vivenciaba a mi manera marcharía hacia un fin, por un camino recto, arenoso, pero transitaría no con dificultad, y al final llegaría a algún lugar.

Ahora tengo en mis manos la libertad, la pisoteo, la mastico y sabe amarga, a acido sulfúrico, arde y derrite. Parece como si fuera mi peor enemigo. Estoy atado a ella, entre mis manos gordas y apunto de reventar. La sujeto como un aparato represivo, tan solo para asimilarla como pianista a sus teclas para dar el mejor concierto, pero contrario a lo que decía es ella la que me contiene, yo soy su sujeto. Yo por mi parte la aborrezco, no me emociona, me aterra, si comparo con una nota musical seria la mas desafinada. Pero me atrae, como la gravedad al universo. Me expando hasta horizontes nuevos, hasta la utopia, como Faucoult supo bien, es mi cuerpo la utopia. Pero si pudiese atentar contra la libertad lo haría sin dudar, sin vacilar con una vehemencia tal que nadie osaría a detenerme, pero una vez descubierta no hay escapatoria. La libertad me domina para seguir asesinando al mundo y sus verdades. Es una fuerza devastadora, voraz. Trueca el destino. Es ella la reina del bien y del mal. Fue la libertad del hombre que aniquilo a los judíos, fue la libertad del sujeto que detono la bomba nuclear, fue la libertad del ser que enfrenta a los hombres. Es ella la que esta mas allá del bien y del mal.